Crónica de un ataque anunciado

Lenguaje no verbal y comunicación oral del expresidente de Colpensiones en la Comisión Séptima del Senado

Los tiburones no atacan de inmediato. Primero observan, dan vueltas alrededor de aquello que les interesa y esperan una señal que les indique que ha llegado el momento de actuar. En la naturaleza, esa señal puede ser una herida o el movimiento errático de un animal. En una sala de sesiones, donde unos senadores esperan respuestas de un funcionario recién nombrado, puede ser algo mucho más sutil: una presentación que falla, una respuesta imprecisa, una mirada que se pierde, un gesto de incomodidad o la evidente dificultad para sostener una conversación sobre un tema que se supone que el funcionario debe dominar.

Eso fue lo que ocurrió durante la presentación de Carlos René Montoya ante la Comisión Séptima del Senado, pocos días después de haber asumido la presidencia de Colpensiones. Su comparecencia debía ser una oportunidad para explicar sus propuestas y demostrar su conocimiento sobre una entidad que administra uno de los asuntos más sensibles para millones de colombianos. Sin embargo, terminó convirtiéndose en una demostración bastante interesante, aunque desafortunada para su protagonista, de la importancia que tienen el lenguaje no verbal y la comunicación oral cuando una persona debe enfrentarse a un público que conoce profundamente el tema sobre el cual está hablando.

Montoya llegó una hora tarde a la cita y, desde el comienzo, las condiciones no parecían estar de su lado. La presentación no funcionaba correctamente, se mostraba apresurado y confundido y, mientras los senadores hacían comentarios sobre lo reciente de su nombramiento, comenzó a balancearse en la silla, a sonreír nerviosamente y a mirar hacia abajo. En circunstancias diferentes, cualquiera de esos comportamientos podría carecer de importancia. Una persona puede mirar hacia abajo porque está pensando, sonreír porque se siente incómoda o cambiar de posición porque lleva demasiado tiempo sentada. El problema aparece cuando esas señales empiezan a acumularse y coinciden con dificultades en el discurso.

Ahí es donde el lenguaje no verbal adquiere verdadera importancia. No porque exista un diccionario capaz de traducir cada gesto en una emoción determinada, sino porque las personas construimos nuestras impresiones a partir de múltiples señales que recibimos al mismo tiempo. Una cosa es lo que alguien dice y otra, no necesariamente contradictoria pero sí complementaria, es lo que su cuerpo transmite mientras lo dice. La postura, la mirada, la respiración, los movimientos de las manos, las pausas y la manera de utilizar la voz terminan formando parte del mensaje, aunque el orador no sea consciente de ello.

Montoya intentó demostrar que tenía antecedentes suficientes para aproximarse al tema. Recordó que había realizado su tesis de grado sobre la Ley 100 y llegó a decir que, para él, encontrarse con Colpensiones era como Navidad. La frase buscaba transmitir entusiasmo y conocimiento previo, pero el contexto hacía que cada palabra tuviera un peso diferente. Poco después, mientras se rascaba levemente la nariz, comenzaba a aparecer una contradicción entre la imagen de dominio que necesitaba proyectar y las señales de incomodidad que acompañaban su exposición.

La situación se volvió todavía más compleja cuando reconoció que administrativamente apenas estaba entendiendo Colpensiones y que sería irresponsable afirmar que conocía profundamente la entidad. Desde el punto de vista estrictamente personal, reconocer los límites del propio conocimiento puede ser una señal de honestidad. El problema no estaba necesariamente en admitirlo, sino en el escenario en el que lo hacía. Apenas llevaba dos días en el cargo y estaba frente a una comisión del Senado que esperaba escuchar al responsable de una organización cuya complejidad exigía respuestas concretas.

A partir de ese momento, las señales comenzaron a acumularse. Montoya se acomodó el nudo de la corbata, respiró profundamente, intentó abrirse el cuello de la camisa, se mordió los labios y tomó agua. Buscó información en la presentación y reconoció que no había llevado sus notas. Posteriormente, mientras explicaba de manera confusa algunos de los valores relacionados con el sistema.

El Lenguaje No Verbal de Gustavo Petro

El lenguaje no verbal es una herramienta poderosa en la comunicación, especialmente en la política, donde los gestos, expresiones faciales y posturas pueden transmitir tanto o más que las palabras. En el caso del presidente de Colombia, Gustavo Petro, su estilo comunicativo ha sido objeto de análisis por su capacidad para conectar con las audiencias, pero también para revelar sus intenciones o pensamientos sobre los demás y sí mismo. Estuve acompañado de un grupo de expertos en el tema en el programa Nos Cogió La Noche del Canal Cosmovisión.

La importancia del lenguaje no verbal en la política

El lenguaje no verbal incluye gestos, posturas, expresiones faciales, tono de voz y contacto visual. En política, estos elementos son cruciales para generar confianza, empatía y credibilidad. Según estudios, hasta el 93% de la comunicación efectiva puede depender de factores no verbales, especialmente en contextos emocionales o de alta carga simbólica. Para un líder como Gustavo Petro, cuya trayectoria está marcada por un discurso de cambio social y justicia, el lenguaje no verbal es una extensión de su narrativa política.

El lenguaje no verbal de Gustavo Petro

El lenguaje no verbal de Petro ha sido tanto una fortaleza como una debilidad. Por un lado, su estilo popular le ha permitido conectar con sectores que buscan un liderazgo carismático y comprometido con el cambio. Sus gestos y expresiones refuerzan su narrativa de lucha contra la desigualdad y la defensa de los derechos sociales, lo que resuena especialmente con las comunidades marginadas.

Por otro lado, su falta de intensidad gestual y su desparpajo pueden ser percibidos como signo de desprecio al interlocutor o polarizantes. Algunos críticos han señalado que su lenguaje no verbal puede parecer agresivo o excesivamente emocional en contextos donde se espera mesura, como negociaciones diplomáticas o discursos institucionales. También se ha especulado sobre la posibilidad de que el presidente Petro padezca un Trastorno Narcisista de la Personalidad.

En última instancia, el lenguaje no verbal de Petro no solo complementa sus palabras, sino que da cuenta de las reales intenciones de su mensaje. A continuación el programa completo al respecto del lenguaje no verbal del presidente de Colombia en Nos Cogió La Noche: