Contrapregunta con Duglas Balbín: un hombre que se enamoró de la radio a los dos años

Hay entrevistados que llegan con anécdotas. Duglas Balbín llegó con una filosofía de vida entera, forjada en casi 24 años de periodismo económico y en dos batallas contra el cáncer —la suya y la de su esposa— que le enseñaron, dice él, la diferencia entre curarse y sanar. Esta es la historia que conversamos en la más reciente edición de Contrapregunta.

Una infancia sintonizada en AM

Duglas asegura que su amor por la radio empezó a los dos años, según le contaba su madre. Un padre maestro —dedicado a la educación especial en el Instituto Tomás Carrasquilla de Bello— que después, a los 48 años, se graduó de abogado y se convirtió en juez promiscuo municipal. Una casa donde las salidas de fin de semana del papá alternaban entre el pueblo y Medellín; y un niño que, mientras tanto, vivía pegado a un radio de transistores, fanático de la radio deportiva y noticiosa.

Pasó por cinco colegios distintos —incluido un fugaz e intenso paso por un colegio militar en Bello del que salió, literalmente, enfermo por la exigencia física— hasta terminar el bachillerato con las notas suficientes para conseguir una beca en una universidad privada de Bogotá. Allí, en una entrevista de admisión, su conocimiento enciclopédico de noticias convenció a los docentes que lo evaluaban en la Universidad Central.

El profesor que le cambió el rumbo

Fue en Bogotá, de la mano del profesor Efraín Pachón —entonces editor económico de El Espectador— donde Duglas descubrió su vocación: el periodismo económico. Pero las cuentas no le daban para quedarse en la capital sin poder trabajar, así que regresó a Medellín y se trasladó a la Universidad de Antioquia, donde terminó la carrera.

Antes de llegar al oficio que lo definiría, hizo su escuela en La Voz de Amalfi, la emisora de un pueblo del norte antioqueño donde su familia vivía por el trabajo de su padre. Allí aprendió al lado de locutores que recuerda con cariño, y allí también vivió una de las heridas más profundas de su vida: el asesinato, en 1994, de Alberto Yepes, el director de la emisora que había confiado en él, un simple estudiante, para sacar adelante un periódico local.

Veinticuatro años en el Noticiero Económico Antioqueño

La llegada de Duglas al Noticiero Económico Antioqueño tiene algo de destino cruzado con la casualidad: conoció a J. Enrique Ríos, su fundador, desde niño, en una cena familiar de fin de año, mucho antes de imaginar que trabajarían juntos. Cuando la oportunidad llegó, en 1997, le tomó seis meses decidirse a dejar la emisora universitaria donde era feliz. No se arrepintió: «el noticiero me abrió el mundo», dice, recordando viajes a coberturas como las reuniones del FMI y el Banco Mundial en Turquía o la cumbre climática de Dinamarca.

En ese mismo edificio conoció a quien sería su esposa, Luisa Fernanda: fueron vecinos de oficina durante dos años antes de que un «cómplice» los emparejara. Al año ya estaban casados y siguieron siendo vecinos de oficina por otros dos años más.

Dos cánceres, una misma lección

La parte más íntima de la conversación llegó cuando hablamos de salud. Duglas fue diagnosticado de cáncer hace 18 años; lo enfrentó con tanta discreción que «poca gente se dio cuenta». Cirugía y radioterapia oportunas le permitieron volver a trabajar —cubriendo el FMI en Turquía— apenas un mes después.

Años más tarde, a los pocos meses de recibir el alta médica, fue su esposa Luisa Fernanda quien recibió el mismo diagnóstico, en un proceso más duro que se extendió entre cuatro y cinco meses. De esa doble experiencia, Duglas extrae la enseñanza que más repite: quien acompaña a un enfermo debe rodearlo de optimismo, evitar los rumores y los casos trágicos ajenos, y entender que el objetivo no es solo curar el cuerpo, sino sanar por completo, en lo físico y en lo mental.

El cierre de una escuela de periodismo de 45 años

En junio de 2020, en plena pandemia, J. Enrique Ríos tomó la decisión de cerrar el Noticiero Económico Antioqueño después de 45 años de historia y de haber formado a más de 40 redactores. Douglas, sabiendo que el noticiero no tenía un futuro claro, respaldó la decisión sin titubear: «me parece muy sensato, cierre». Desde entonces trabaja de forma independiente, sin volver «a entrar a ninguna nómina», bajo un lema que resume buena parte de su carácter: «no tengo deudas ni enemigos».

Vivir sin deudas, como enseñanza de vida

Duglas atribuye a su madre la disciplina financiera que hoy predica: ahorrar antes que gastar, pagar de contado antes que endeudarse, tener «el pesito en el bolsillo» antes que casa grande. Esa filosofía, sumada a la tranquilidad que buscaban tras el episodio de salud de su esposa, los llevó a mudarse al oriente antioqueño, donde asegura haber encontrado un entorno más tranquilo y saludable.

Cerramos la conversación con su mensaje para quienes lo escuchan: servirle a la sociedad con lo que uno tenga —en su caso, conocimiento— y valorar la vida y la integridad de los demás por encima del dinero. Se define, sin ambages, como «un afortunado». Y cuenta su historia, de principio a fin, como quien sabe exactamente cuánto ha costado construirla.