Contrapregunta con Ana Cristina Moreno: una vida guiada por el servicio

Ana Cristina Moreno llegó a la política casi sin darse cuenta. En 2015, mientras trabajaba en el sector privado y acompañaba la creación del entonces naciente Centro Democrático, recibió la invitación para encabezar la lista del partido a la Asamblea de Antioquia. La propuesta coincidió con un momento particularmente intenso de su vida: estaba embarazada de su primer hijo, Mateo. Después de conversarlo con su esposo, Camilo, decidió asumir el reto y terminó siendo elegida diputada para el periodo 2016-2019.

Su llegada a lo público, sin embargo, no había comenzado con la política electoral. Ana Cristina ya había trabajado en la Gobernación de Antioquia como directora de Planeación Departamental, una experiencia que le mostró el sector público como un espacio desde el cual era posible transformar la vida de las comunidades, impulsar el desarrollo y resolver problemas concretos. Esa idea del servicio, más que la política como actividad en sí misma, aparece como el hilo conductor de toda su trayectoria.

Después de su paso por la Asamblea, Ana Cristina intentó convertirse en candidata del Centro Democrático a la Alcaldía de Medellín. «La primera mujer alcalde de Medellín», dice. El proceso coincidió nuevamente con un embarazo, esta vez el de su hija Alicia. Aunque finalmente la candidatura quedó en manos de Alfredo Ramos, Ana recuerda aquella precandidatura como una experiencia enriquecedora: le permitió estudiar la ciudad, recorrer sus comunas y barrios, escuchar a distintos sectores y formular propuestas.

Su siguiente etapa fue en el Gobierno nacional. En plena pandemia, en 2020, el presidente Iván Duque la invitó a asumir la presidencia de la Agencia de Desarrollo Rural, entidad adscrita al Ministerio de Agricultura. Durante dos años recorrió el país y conoció de cerca una realidad distinta a la antioqueña. A diferencia de una entidad dedicada principalmente a formular políticas públicas, la Agencia tenía un carácter ejecutor, lo que le permitió trabajar directamente en proyectos y comunidades.

Al terminar esa etapa llegó, según ella misma cuenta, uno de los momentos más difíciles de su vida profesional. Se preguntó qué hacer después y experimentó una sensación de desubicación tanto personal como laboral. Pasó por la gerencia de Valor+, una empresa del conglomerado de la Gobernación de Antioquia, antes de encontrar un nuevo camino en el sector social. Desde hace dos años dirige Presentes (antes llamada Antioquia Presente), una organización sin ánimo de lucro con más de cuatro décadas de experiencia en la canalización de solidaridad y en el desarrollo de proyectos con comunidades y territorios.

Una vocación que viene de familia

La inclinación de Ana por el trabajo comunitario no nació con la política. En la entrevista explica que es hija de dos personas profundamente vinculadas al servicio. Su padre fue sacerdote durante 16 años y, después de abandonar el sacerdocio, se casó con su madre, una trabajadora social que también había sido monja. Ambos continuaron vinculados a diferentes formas de trabajo comunitario.

Su padre, incluso después de retirarse del sacerdocio, organizaba grupos de catequesis, entregaba mercados y creó una organización para sacerdotes retirados que habían formado una familia. Posteriormente encontró en el emprendimiento una nueva forma de sostener a su familia y creó una panadería, Comestibles Flowers, negocio en el que Ana Cristina y su hermana participaron desde pequeñas.

Su madre, por su parte, ejerció como trabajadora social en instituciones como el Hospital General de Medellín y en comisarías de familia. Moreno reconoce en ambos el origen de esa necesidad de estar al servicio de los demás. Es una característica que, según sus propias palabras, ha estado presente desde su infancia.

La política como medio, no como fin

Quizá la idea más importante de la entrevista aparece al hablar de su futuro político. Ante la pregunta de si contempla regresar a la política, Ana responde que no siente una obsesión por volver a ella, pero sí por el servicio.

Su actual trabajo en Presentes le permite continuar haciendo aquello que, según explica, le da sentido a su vida: acompañar comunidades, promover proyectos y contribuir a resolver problemas concretos. Texto pegado

Esa perspectiva permite entender por qué describe la política como “su otra vida”. No parece haber una ruptura con su trayectoria anterior, sino un cambio de escenario. Primero fue la Gobernación, luego la Asamblea, después la Agencia de Desarrollo Rural y ahora una organización dedicada a canalizar solidaridad y promover procesos de reconstrucción.

Una política que queda atrás, pero no una vocación

La conversación con Ana Cristina Moreno termina, entonces, lejos de una declaración de retiro definitivo de la vida pública. Lo que aparece es algo diferente: la política dejó de ser el escenario central de su vida, pero el servicio a la comunidad continúa siendo su principal motivación.

Desde esa perspectiva, su trayectoria puede leerse como una búsqueda permanente de la misma finalidad a través de diferentes caminos. La administración, el sector público, la política electoral, el Gobierno nacional y ahora el trabajo social son etapas distintas de una misma historia.

Ana Cristina no dice estar buscando regresar a la política. Dice algo más sencillo y, al mismo tiempo, más coherente con lo que ha sido su vida: quiere seguir sirviendo. Y mientras encuentre espacios para hacerlo, considera que está conectada con aquello que realmente la hace feliz.