Copu Media: de lo feo en mi campaña política

Enfrentarse a una campaña electoral no es fácil, todos lo sabemos. Pero, de vez en cuando, nos encontramos con algunos personajes que nos hacen reflexionar sobre la capacidad de entender la dimensión política y humana. Y no lo digo por las personas que te hacen mala cara en la calle cuando intentas entregarles un volante con tus propuestas. Aunque debo reconocer que me sorprendió una chica de aproximadamente 15 años a la salida de mi colegio, el Colegio San Ignacio en Medellín: me tiró la tarjeta que le entregué mientras decía «¡Gas!». Me pregunté: ¿qué le habrán metido en la cabeza a esta muchacha para que reaccione así ante un gesto tan sencillo como la entrega de una pieza publicitaria?

Pero uno de los episodios más desagradables ocurrió antes de que comenzara la campaña. Tenía en mente explorar algunos de los campos de acción a los que he dedicado mi vida: la psicología, la publicidad, el marketing, los medios de comunicación, el deporte, el bienestar animal y el emprendimiento. Así que hice todo lo posible por reunirme con gremios y asociaciones. Visité Ruta N, Fenalco, IAB y Colpsi, entre otras, con la idea de conocer de primera mano las necesidades de cada sector y ver si era posible ponerlas sobre la mesa como temas de discusión durante la campaña, con el fin de visibilizarlas e integrarlas al debate.

Sin embargo, en medio de este ajetreo, me topé con la respuesta de un medio de comunicación nacional llamado Copu Media. Les había pedido el favor de agendar una pequeña reunión por Zoom para conocer su opinión sobre cómo estaban viviendo mis colegas el escenario del gobierno actual y qué esperaban de los futuros. Me respondieron con un cuestionario de cerca de 10 preguntas, aparentemente redactadas por inteligencia artificial. Les contesté brevemente que había trabajado en la industria durante dos décadas y que mi intención era simplemente conversar, no dar una entrevista.

La respuesta que recibí de su director de Comunicaciones Estratégicas, Rodolfo Velásquez, me dejó impactado. Es algo para no olvidar y que vale la pena exponer, no solo para mostrar a qué presiones nos sometemos los candidatos, sino también para evidenciar la ligereza con la que algunas personas tratan a quienes no conocen. A veces es un asunto de centralismo, a veces un asunto de ignorancia, pero otras veces, de llana y simple vanidad, del latín vanĭtas, vanitātis, que significa «cualidad de vano» (hueco, vacío o falto de realidad). A continuación la vana carta del señor Velásquez y mi respuesta:

Carta de final de Campaña al Senado con el 92

Muchachos:

Nos quemamos, pero eso no es noticia. Como diría mi héroe de infancia, el Chapulín Colorado: “lo sospeché desde un principio”. Lo que sí fue noticia es que también se quemaron muchos favoritos como Angélica Lozano, Katherine Miranda, Jorge Robledo o el mismo Álvaro Uribe, aunque fuera solo para empujar su lista.

Quienes participamos en política estamos expuestos a ello, y es un riesgo que asumimos, no una vergüenza. Un atleta no te critica por no llegar de primero, un empresario no te critica por emprender ni un músico por intentar tocar un instrumento. Solo los cobardes y quienes nunca han sido candidatos te critican por intentarlo en política.

A mi partido, en general, le fue mal: solo un senador y ningún representante a la Cámara por Antioquia. Una lista que aboga por la moderación y el centro político, en tiempos de pugnacidad y polarización, corre ese riesgo, y lo sabíamos. “Las probabilidades están en nuestra contra”, lo dije varias veces. Sin embargo, también dije que debemos seguir soñando, como nos lo recuerdan los estudiantes de mayo del 68 con su consigna: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”.

A los cientos de colombianos que depositaron su confianza en mí con su voto, muchas gracias. Seguiremos trabajando, desde donde estemos, por hacer posible un país donde el desarrollo social no sea un discurso sino una realidad. Esta campaña se hizo con las uñas, sin maquinaria, solo con los pocos recursos propios y la buena voluntad de amigos y familiares. De hecho, creo que la nuestra fue una de las campañas con menor costo por voto.

Siempre nos quejamos de que nos gobiernan los mismos, pero muchas veces terminamos votando por ellos. El voto no es una decisión menor, como comprar un dulce o un refresco, pero solemos analizar más el sabor del refresco que compramos que el país que queremos y necesitamos.

Los meses que vienen no serán fáciles para nuestro país: más pugnacidad, más miedo, más rabia y posiblemente más malos gobiernos. Ojalá nuestra sociedad encuentre pronto un camino hacia su identidad y su amor propio. La democracia es un sistema frágil frente a los populismos y la intolerancia. Si nos seguimos equivocando, tal vez no haya vuelta atrás en las próximas décadas.

Pero después hablaremos de eso. Por ahora, mi mensaje es de gratitud con todos los que me acompañaron, me siguieron y me honraron con su voto. Una experiencia más en mi vida: haber sido candidato al Senado de la República y navegar, en primera persona, las turbulentas aguas de la política. A mi partido, a mi familia, a mis amigos, a mi equipo de campaña y a mis votantes, de nuevo, gracias.

Carlos