Mi reel de analista político y presentador de televisión (Carlos Naranjo)

Soy analista político y económico, presentador de TV. Psicólogo de la Universidad de Antioquia, publicista de la Universidad Pontificia Bolivariana, especialista en Estudios Políticos y Magíster en Economía Aplicada de la Universidad EAFIT. Diplomado en marketing digital del Instituto Aula CM de Madrid. He trabajado como analista político en el noticiero Consejo de Redacción de Teleantioquia y en el programa Nos Cogió la Noche de Cosmovisión. También fui, durante cuatro años, presentador del programa de televisión A Pleno Día.

¿Qué pasó en el 92? Nacho López con Carlos Naranjo

Durante el actual ejercicio de campaña al Senado de la República para el período 2026-2030, he tenido el privilegio de entrevistar a diversos personajes que protagonizaron la historia reciente de Colombia, especialmente aquellos que navegaron las turbulencias de la década de los 90. Sin embargo, en esta ocasión, la dinámica cambió: los papeles se invirtieron. Mi gran amigo Nacho López, director del programa Nos Cogió la Noche en el Canal Cosmovisión, decidió sentarme en el banquillo de los entrevistados para indagar en mi propia cronología. La pregunta detonante fue sencilla pero profunda: ¿Qué pasaba en el 92?

Rememorar aquel año fue abrir una cápsula del tiempo. Hablamos de mis raíces en el Colegio San Ignacio, donde se forjaron mis primeras inquietudes intelectuales, y de las tardes recorriendo las calles del barrio Carlos E. Restrepo en Medellín, un sector que siempre ha respirado cultura y comunidad. También recordamos mi paso por la Liga de Atletismo de Antioquia, una etapa que no solo me dio disciplina física, sino la resiliencia necesaria para entender que la política, al igual que el deporte de alto rendimiento, es una carrera de fondo que exige reflexión y perseverancia.

La conversación fluyó hacia terrenos más complejos y actuales. Nacho, con su agudeza característica, no dudó en abordar las etiquetas políticas que hoy dominan el debate público. Discutimos sobre si mi postura se alinea con la izquierda o la derecha, una dicotomía que, a mi juicio, se queda corta para explicar la realidad de un país que clama por soluciones técnicas con sensibilidad social. Expliqué cómo mi trayectoria me llevó a convertirme en analista político en diversos medios de comunicación, un rol que me permitió observar el poder desde afuera, diseccionarlo y entender por qué muchas veces las instituciones parecen desconectadas de la ciudadanía.

Finalmente, profundizamos en el núcleo de mi aspiración actual. Expliqué por qué considero que mi candidatura representa una verdadera renovación y un cambio frente a las estructuras de la política tradicional en Colombia. No se trata solo de un relevo generacional, sino de un cambio de paradigma: pasar del análisis a la acción, de la crítica en los micrófonos a la gestión en el Capitolio. Esta entrevista fue, en esencia, un recordatorio de que para proyectar el futuro del país hacia el 2030, es imperativo reconocer de dónde venimos y mantener intactos los valores que nos formaron en el camino.

¿Qué pasó en el 92? con Zorobabelia Córdoba

En el mundo del deporte y la gestión social, hay nombres que no solo representan medallas, sino resiliencia y compromiso. Recientemente, tuve una conversación profunda y emotiva con una de las leyendas vivas del atletismo colombiano: Zorobabelia Córdoba.

Más que una entrevista política, el encuentro fue un diálogo entre dos viejos amigos que compartimos una visión clara: el deporte es la herramienta definitiva para transformar la salud física y mental de un país.

Zorobabelia Córdoba: La estrella que nunca dejó de brillar

Para quienes vivieron la época dorada del atletismo en los años 90, el nombre de Zorobabelia Córdoba evoca excelencia. Junto a figuras icónicas como Ximena Restrepo, medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Zorobabelia fue la cara de una Colombia que ganaba a nivel panamericano y nacional. Ella no solo corría; dominaba el heptatlón, la prueba más exigente que combina siete disciplinas distintas.

Hoy, esa misma disciplina la ha llevado a una nueva etapa de vida: tras enfrentar desafíos personales y de salud, Zorobabelia se ha reinventado como conferencista motivacional y atleta paraolímpica, debido a una lesión que la dejó con el uso permanente de un bastón de apoyo.

La Apuesta de Carlos Naranjo: Salud física y mental

Mi apesta como psicólogo y atleta, se fundamenta en un pilar esencial: la prevención a través del deporte. En un país donde los problemas de salud mental y las enfermedades sedentarias van en aumento, propongo con el número 92 al Senado de la Coalición Ahora Colombia (Nuevo Liberalismo, Mira y Dignidad & Compromiso):

  1. Fomento del Deporte desde la Base: Construir y recuperar los parques y centros deportivos para que los jóvenes tengan alternativas reales a la calle.
  2. Inclusión Paraolímpica: Siguiendo el ejemplo de Zorobabelia, fortalecer el apoyo a los atletas con discapacidad.
  3. Bienestar Integral: Legislar para que la salud mental sea atendida con la misma urgencia que la salud física, utilizando la actividad deportiva como terapia preventiva.

La entrevista con «Zoro», como le decíamos en la Liga de Atletismo de Antioquia, me recuerda como el pasado glorioso del deporte colombiano puede ser el cimiento de un futuro mucho mejor. Cuando los líderes se rodean de expertos y leyendas con sensibilidad social, las propuestas dejan de ser promesas y se convierten en planes de vida.

Colombia necesita más deporte, más salud y, sobre todo, líderes que entiendan el esfuerzo que hay detrás de cada meta alcanzada. La entrevista completa a continuación:

Nos sobran leyes y nos falta cumplimiento

En Colombia, la abundancia y complejidad del sistema normativo dificulta la vida de todos. No se trata de una única ley, sino de áreas específicas del derecho y la forma en que se implementan. Así muchas leyes en Colombia, lejos de proteger al más débil o favorecer el complimiento de derechos, terminan por generar justo lo contrario: proteger al más fuerte.

Desde el Congreso de la República, debemos trabajar por facilitar la vida de personas y empresas en el país. Algunos representantes y parte de la opinión, consideran equivocadamente que la mejor forma de mostrar gestión por parte de los legisladores es proponer nuevas leyes. En mi caso, considero que parte de esa gestión debe ser eliminar, simplificar y actualizar muchas de ellas.

Permítanme enunciar algunos ejemplos:

  • Estatuto Tributario: El sistema impositivo colombiano es conocido por su alta complejidad, lo que genera dificultades tanto para las empresas como para los ciudadanos en el cumplimiento de sus obligaciones fiscales, a menudo requiriendo costosa asesoría especializada.
  • Código Sustantivo del Trabajo: Aunque regula las relaciones laborales, sus disposiciones a menudo dificultan la generación de trabajo por la rigidez que pueden generar en el mercado laboral o por la complejidad en la liquidación de prestaciones sociales, vacaciones, y otros derechos, complicando la formalización. Seis de cada diez colombianos trabajan en la informalidad.
  • Exceso de Normatividad y «Populismo Normativo»: Colombia es un país con una altísima producción legislativa. Más de 2.000 leyes desde la promulgación de la Constitución de 1991. Esta abundancia de leyes, decretos y regulaciones, muchas veces sin una clara eficacia instrumental o implementación práctica, lleva a un sistema legal confuso y a menudo contradictorio que es difícil de seguir y hacer cumplir.
  • Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana (Ley 1801 de 2016): Algunas disposiciones de este código, aunque bien intencionadas, afectan negativamente la vida cotidiana de las personas con multas o contravenciones que limitan las garantías ciudadanas en su libre desarrollo de la personalidad. A su vez casos que realmente sí la afectan la convivencia como el ruido, son despreciados o minimizados por las autoridades.
  • Leyes Ineficaces o Obsoletas: Existen numerosas leyes que, aunque formalmente vigentes, no se cumplen o han quedado obsoletas con el tiempo, lo que contribuye a una percepción de falta de legalidad y seriedad en el sistema jurídico. Durante el gobierno de Iván Duque se realizó una depuración de eliminó cerca de 10.000 leyes, pero se quedó corta. Necesitamos simplificar y eliminar aún más leyes.

El mundo avanza más rápido que la legislación, y la legislación colombiana no solo se ha rezagado frente a los avances tecnológicos que requiere la sociedad del siglo XXI, sino que además suele intervenir para entorpecer, y no para estimular, el desarrollo económico.

Muestra de ello son las recientes iniciativas, apoyadas por poderosos gremios, que desde el Congreso, buscan prohibir o reglamentar en exceso el uso de plataformas tecnológicas como Uber o Airbnb, las cuales no solo generan millones de empleos en el mundo, sino que también constituyen una solución eficiente a los problemas de movilidad y alojamiento desde la iniciativa privada.

Para algunos políticos lo único que importa es el beneficio de los gremios que financian sus campañas o de los sindicatos que patrocinan sus movilizaciones y no el interés de una población conformada por empresas, familias y consumidores. En Colombia necesitamos cambiar la idea de que los problemas se resuelven con más leyes. En Colombia necesitamos ideas frescas para cambiar la vieja política. Necesitamos cambiar la política cambiando a los políticos.

Hipopótamos, política y responsabilidad: pensar el país con ideas nuevas

En los últimos días ha vuelto al centro del debate público una frase tan contundente como preocupante: “hay que matar a los hipopótamos”. Así, sin matices, algunos sectores presentan esta opción como la única salida “técnica” a un problema complejo. Quienes proponemos alternativas somos rápidamente etiquetados como ingenuos, emocionales o ignorantes en temas de ecología.

Yo creo que esa mirada es incompleta y peligrosa. La discusión sobre los hipopótamos en Colombia no puede reducirse únicamente a cálculos de utilidad ecológica. También debe incluir un principio básico: el respeto por otras formas de vida conscientes y la responsabilidad humana frente a un problema que no fue creado por los animales, sino por decisiones humanas del pasado.

Hace más de veinte años, cuando la población de hipopótamos rondaba apenas los diez individuos, muchas voces advirtieron que era urgente implementar programas de esterilización y control ético. Nadie escuchó. No hubo voluntad política, ni recursos, ni interés. Hoy, cuando ya se habla de cerca de 200 animales, aparece la solución más fácil y más brutal: eliminarlos.

Se argumenta que los hipopótamos causan eutrofización del agua, compactación del suelo y un riesgo potencial para las comunidades humanas. Estos impactos deben analizarse con seriedad, por supuesto. Pero resulta llamativo que, en ese mismo análisis, se minimicen o se silencien las verdaderas cifras del daño ambiental en la cuenca del Magdalena, que provienen principalmente de la ganadería extensiva y de ciertos modelos agrícolas intensivos.

La diferencia es evidente: esos sectores tienen gremios poderosos y representación política que los defiende. Los hipopótamos no.

Este no es solo un debate ambiental. Es un espejo de la vieja política colombiana: reaccionaria, tardía y selectiva a la hora de asumir responsabilidades. Una política que deja crecer los problemas por años y luego propone salidas rápidas que evitan incomodar a los intereses de siempre.

Colombia necesita ideas frescas para enfrentar sus desafíos, incluso los más complejos. Necesita una política capaz de anticiparse, de escuchar a tiempo, de buscar soluciones éticas y científicas sin caer en la comodidad de lo fácil. Y, sobre todo, necesita cambiar la política cambiando a los políticos. Ese es el verdadero fondo de esta discusión. No se trata solo de hipopótamos. Se trata del país que queremos ser.

Desde el Congreso velare por alternativas como la esterilización y la traslocación. También por destinar recursos a tiempo para contener este tipo de problemáticas antes de que se presenten y sobre todo, para que el medio ambiente deje de ser medio y lo tengamos completo.

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